Archive for Marzo, 2010

Cariño he encogido a los niños

Martes, Marzo 30th, 2010

Es difícil explicar mejor las dudas sobre el sentido de algunas actuaciones de la última etapa en nuestra ciudad. Mi amigo Alfredo explica mejor que yo lo que yo misma pienso. Ahí lo tenéis…

SIMBOLOS DE LA CIUDAD

Alfredo Pérez Palacios. Sociólogo.

Disfruto paseando por los senderos del Ebro. Fueron obras complementarias de la Expo; no la necesitaban. Voy contracorriente, intentando leer en el eje más simbólico de la ciudad los significados de los antiguos y de los nuevos iconos de la Zaragoza del XXI, como les gusta a algunos predicadores de la autoestima. Dejo atrás el azud, convertido en símbolo de la inflexibilidad política y de la pérdida del sentido de la realidad. Lo que lo hace más lamentable es el tamaño de los barcos: pequeñas embarcaciones nos harían más autónomos, sería más barato y agradable, aunque menos parisino.

Río arriba, los leones del Puente de Piedra, las distintas torres de la ciudad bimilenaria aparecen cargados de significado y sentido. De valores que dan identidad cultural a la ciudad porque han sido interpretados, aceptados e interiorizados por la mayoría de los ciudadanos. Símbolos que con la secularización han evolucionado hacia valores democráticos, pero siguen siéndolo del poder religioso.

Entro en el recinto de la Expo. Identifico el antiguo pabellón del Faro, donde debatían las oenegés los problemas mundiales del agua, mientras jefes de Estado e intelectuales lo hacían en el pabellón de al lado, para juntar luego conclusiones. No he entendido esa separación y unión. La maqueta del Faro me recuerda la película “Cariño, he encogido a los niños”. Siento no saber quiénes son los padres. Quizá la maqueta es una urna que guarda, incorrupta, la Carta del Agua para mejores tiempos.

El pabellón símbolo de los movimientos sociales, constructivamente el más coherente con los principios de la Expo, no pudo ser salvado. Los padres no le vieron sentido ni utilidad. Solución, encogerlo “in des-memoriam”. Todos a casa que vienen las empresas ¿Vendrán?

La Torre del Agua, icono por excelencia, que no sé interpretar y será gestionada por la CAI, hoy aragonesa y mañana ya se verá. Como dice mi amigo Alberto, es una torre hueca y más hueca después de trocear la escultura que contenía y que, de momento nadie ha querido reinstalar.

El Pabellón Puente. Lo atravieso, propongo llamarlo puente para que produzca menos frustración. Es el equipamiento más caro de la ciudad. Parecería que primero se eligió una firma de prestigio mundial y luego se sejó a su genialidad la obra a realizar. Y la rutilancia de la firma sedujo a los gestores y ahí está el pabellón, esperando el uso que Ibercaja definirá. Segundo símbolo gestionado y mantenido por otra caja de ahorros. Imagino que gratuitamente no lo hacen y para tener pérdidas, tampoco. No lo entiendo me falta información y que alguien lo explicara bien.

Entre los símbolos post-Expo, gestionados por las cajas, y los tradicionales, en manos de un poder religioso secularizado, me quedo con los leones, los senderos del río y seguir trabajando para que Zaragoza sea identificada como la ciudad con la tasa mas alta de teatros, librerías, cines, auditorios, lectores, espectadores….. y la más baja de abandono y fracaso escolar, con las mejores políticas de reinserción, con las mejores cualificaciones profesionales y centros de investigación. Y si es verdad que muchos nos apuntamos a esto, pues a trabajarlo. Y las instituciones, a materializarlo en los presupuestos y en el abandono de las aventuras de la agenda política: campo de fútbol nuevo, Expofloralia, capital cultural… El exceso de autoestima se llama megalomanía y la megalomanía deforma la realidad y hace pequeñitos a los ciudadanos

El Gancho de Jose Luis

Martes, Marzo 30th, 2010

Jose Luis Terol, observador lúcido del Casco Viejo, escribe un interesante artículo sobre el modelo de ciudad que él quiere para el futuro (y muchos más también lo queremos). Y sobre las amenazas que ya están aquí, y que ponen en riesgo la cohesión social y la cohesión urbana de la ciudad consolidada.

EL GANCHO, PUERTO VENECIA Y LA POLÍTICA

José Luis Terol

Tratando de ahorrar unos cuantos euros, me disponía hace unos días a pagar con adelanto una multa por aparcamiento en el Cuartel de la Policía Local de la calle Domingo Miral. Me llevé una desagradable sorpresa cuando me indicaron que la gestión no la podía realizar allí porque todo el operativo de multas se había trasladado al nuevo Cuartel que se ubica en el tercer cinturón, al que sólo podía acceder en coche y no con transporte público o a pié como pretendía.

A la mañana siguiente me desplace con el coche hasta el nuevo Cuartel para dejar resuelta la sanción. Al salir del entorno de éste me ví abocado, sin pretenderlo, hacía el centro comercial Puerto Venecia pasando por las zonas donde contemplé por primera vez que se estaban construyendo cientos de viviendas.

Le puse imagen y perfiles a un entorno que me pareció duro y deshumanizado, como una especie de “anticiudad”. Dentro de la angustia de la que fui presa realicé instintivamente una “escapada hacia delante” y me dirigí a la búsqueda del entorno que está urbanizándose en Arcosur para construir miles y miles de viviendas.

La sensación de desolación se hizo más intensa y comenzaron a asaltarme interrogantes y cuestiones que se dirigían directamente a mi condición de “ciudadano político”: pero ¿en qué manos estamos?; ¿cómo es posible que hayamos consentido este despropósito, esta ruptura de la ciudad, cuando Zaragoza cuenta con decenas de miles de viviendas vacías?; ¿por qué las constructoras están convirtiendo Zaragoza en una ciudad “a la americana”?; ¿quién ordena el territorio en esta ciudad y en esta tierra?; ¿cómo es posible está paradoja insostenible en la ciudad que ha pretendido sentar cátedra de la sostenibilidad mundial?; ¿cuándo se ha producido el debate público a fondo sobre la ciudad que queremos?; ¿cómo no hemos reaccionado antes?; ¿en que estado de “aletargamiento” estamos los ciudadanos?…

Tal vez alguien piense que soy un ciudadano antiguo y desclasado. Vivo en el Gancho, compro en el Mercado Central y en las tiendas del barrio, me gustan mucho más las torres de la Magdalena y San Pablo que la Torre del Agua o el Pabellón Puente, y prefiero el bullicio y los “conflictos” de la ciudad consolidada a la sórdida y sostenible frialdad de los “barrios sobrevenidos”.

No soy persona de nostalgias y lamentos que paralizan. Aunque me siento corresponsable, por inhibición y por inconsciencia, de esta “barbaridad histórica” tiendo a ocuparme del presente y de sus brechas y posibilidades.

Vuelvo así a mi barrio dándole vueltas a la cabeza. Tal vez no resulta fácil retomar protagonismo en este tiempo de desconfianza y desesperanza pero estoy convencido de que “nadie nos va a sacar las castañas del fuego”.

Me convenzo a mi mismo de que merece la pena “construir ciudad” y le veo sentido y perspectiva a las pequeñas cosas que podemos intentar cada día: dialogar todo lo posible en casa, ejercer una vecindad acogedora, informarnos y formarnos de manera continua y en la medida de nuestras posibilidades, apoyar a los pequeños comerciantes y emprendedores de nuestro entorno, participar en las organizaciones del barrio y de la ciudad que trabajan por el bien común con una mirada global, hablar con nuestro Alcalde y con los políticos para hacer posible que su agenda esté vinculada a nuestros problemas y sueños, limitar nuestro consumo al máximo para compartir con quien lo está pasando peor aquí o en cualquier parte del mundo, no alimentar el pesimismo y la desmovilización, utilizar el transporte público…

Puede resultar extraño o demasiado simple pero no se me ocurre otra forma de hacer política. Tal vez el gran evento que transformará sustancialmente Zaragoza tenga que ver más con una política “cuidadana” (“somos cuidadanos”) que se base en el protagonismo y el cuidado mutuo y cotidiano de los casi setecientos mil vecinos que en las búsqueda insaciable de nuevos “Dorados” (Las Olimpiadas, la Capitalidad Cultural, Expofloralia, el Campo de fútbol de cinco estrellas….).
¡Es el momento de la Política, de las elecciones decisivas de cada día! ¡Tenemos la palabra!