El sueño de Flora Tristán
Jueves, Junio 22nd, 2006Mario Vargas Llosa ha investigado y novelado la vida de Flora Tristán, la activista francesa hija de españoles. De su trabajo La odisea de Flora Tristán extraigo algunas notas.
El XIX fue el siglo de las utopías y los utopistas. A esta dinastía de grandes inconformes con la sociedad en la que nacieron pertenece Flora Tristán (1803-1844), la temeraria y romántica justiciera. Su voluntad de reconstruir enteramente la sociedad sobre bases nuevas nació de su indignación ante la discriminación y las servidumbres de que eran víctimas las mujeres de su tiempo y que ella experimentó en carne propia.
Orienta su vida a luchar, con la pluma y la palabra, por la justicia social en cuyo vértice ella ponía la emancipación de la mujer. En su libro de memorias Peregrinaciones de una paria, relata su experiencia en Perú, y hace un formidable retrato de aquella sociedad feudal y violenta, de tremendos contrastes económicos, en la que los caudillos se disputaban el poder. Es en Perú donde Flora decide rebelarse contra su condición de ciudadano de segunda y actuar en el campo intelectual y político para cambiar la sociedad.
Cuando regresa a Francia en 1835, es una mujer resuelta y segura de sí misma, que se multiplica para informarse y educarse. Se vincula a los grupos sansimonianos, fourieristas, se entrevista con el reformador Robert Owen, comienza a colaborar en publicaciones importantes y envía a los parlamentarios una petición a favor del restablecimiento del divorcio.
Tras sufir un intento de asesinato a manos de su resentido marido, viaja a Londres visitando barrios marginales, talleres miserables, prostíbulos, fábricas, manicomios y cárceles. En ocasiones sólo puede entrar disfrazándose de hombre. El libro resultante es una crónica feroz contra el sistema capitalista y la burguesía, a quienes Flora hace responsables de la espantosa miseria y la explotación de obreros y niños.
En Londres conoció también el movimiento cartista. Gracias a esa experiencia concibió una idea: que solamente una gran unión internacional de los trabajadores de todo el mundo tendría la fuerza necesaria para inaugurar una nueva era de justicia e igualdad sobre la tierra. Fue en Londres también donde llegó al convencimiento de que las mujeres solas no podrían emanciparse. Para lograrlo debían unir fuerzas con los obreros, y esta revolución debe ser pacífica, inspirada en el amor por la humanidad. No será nacionalista, sino que desbordará las fronteras.
La utopía de Flora está resumida en La Unión Obrera, pequeño libro que edita ella misma, con la ayuda de sus amigos. Describe el instrumento de transformación social, el ejército de hombres y mujeres laico y pacífico, las escuelas para hijos de proletario y los Palacios Obreros, complejas unidades de servicios múltiples.
Descubrir que entre los obreros y las mujeres también abundaban los prejuicios burgueses no la desanimó. La muerte, a los 41 años, le llegó tras ochos meses de gira por ciudades francesas para difundir sus ideas.
