Archive for Mayo, 2005

Pancartas

Viernes, Mayo 20th, 2005

¡Qué hilarante la imagen de la derecha política utilizando pancartas! Ayer, el grupo popular del Parlamento Andaluz obligó a que su presidenta suspendiera la sesión, por primera vez en la historia de la institución, a causa de la exhibición por parte de dicho grupo de unos letreros con el lema: “Chaves, no + cacicadas”. La derecha andaluza es mucha derecha. No hay más que ver a su presidente, Javier Arenas. Por eso resulta todavía más grotesco el uso de técnicas que les son tan lejanas. Da grima verles engominados, sosteniendo como con asco el cartelito, medio escondiéndose detrás ¿Pancartero?de él para no salir en el ABC protestando como si fueran unos melenudos. Anda que no se les iban a reír sus amistades cuando reconocieran en privado, acodados en la barra de José Luis, el mal rato que pasaron. Con el lenguaje esemésico quieren dar la sensación de juventud, de idealistas por 0,9 céntimos la utopía, porque ellos no corrieron delante de los grises pero sus padres, tampoco. Claro que todos hemos sido jóvenes, hasta los de derechas, y todos hemos abrigado esperanzas alguna vez de un mundo mejor, más justo, más libre, tonterías de la primera juventud. Se dicen muchas tonterías cuando eres de izquierdas. Uno de los miembros más jóvenes del grupo propuso transcribir “kazikás” y pensó que había quedado de puta madre aunque no le tuvieran en cuenta. Estoy convencido de que muchas diputadas pancartistas habrán guardado el cartelito en su bolso, doblado en cuatro como las cosas sin importancia -las notas de sus hijos o los papeles de la asistenta-, para poder enseñárselo después con alborozo a su hija mayor, que se ha vuelto muy reivindicativa.

Algún bienintencionado progresista podría rebatir esta idea manifestando el derecho que cualquiera tiene de hacerlo a su vez del modo que crea más conveniente. Pero si lo es de verdad, bienintencionado y progresista, se equivocaría. La derecha ha ido arrebatándole históricamente a la izquierda todos sus logros: los partidos políticos, los sindicatos, la igualdad de sexos. Y gestos como éste de exhibir cartelitos es, por mucha repugnancia que les provoque, un calculado intento de desvirtuar la movilización social. Esta gente no hace nada por azar. Si acaba todo el mundo manifestando con pancartas su parecer, se banaliza el acto, se le desgasta, el personal con la dichosa manía de manifestarse bajo una idea común, como si para que la cosa funcione no estuvieran ya los políticos. Cuando el pueblo sale a la calle a manifestarse contra la guerra, contra la instalación de una discoteca –parece que vamos ganando-, contra el ninguneo a las Humanidades o contra el recorte de sus pensiones lo hace de esta forma porque es la única que como ciudadanos tienen en ese momento, congeladas las relaciones con el poder en cubitos de cuatro años. ¿Para qué sacan las pancartas los políticos en una cámara de diputados? Su obligación es llegar a acuerdos que posibiliten un mejor modo de vida para la gente y están en el lugar adecuado para hacerlo. No tiene ningún sentido en este contexto ese tipo de protestas si no es por la razón apuntada.

Porque la idea de partido político ha sido también engullida por la derecha real, todo lo dicho vale también para los diputados de izquierdas. Muchas veces despliegan sus pancartas únicamente para que los saquen en la tele. Les lanzan a los ciudadanos la idea de que, como se manifiestan como ellos, comparten con ellos sus inquietudes. Mentira. Si eso fuera verdad y fueran tan capaces como se supone al ver sus nóminas, lograrían sacar adelante alguna de sus propuestas. Y éstos se ponen unánimemente de acuerdo sólo cuando hablan de la Monarquía. La clase política de izquierdas tampoco tiene derecho a utilizar este tipo de manifestaciones, porque demuestran al pueblo a diario lo alejados que están también de él. Si una de las representaciones más claras de las ideas de izquierdas en el Parlamento español son los diputados de Esquerra Republicana, entonces o su presidente va muy mal de su esquizofrenia o el respeto a los muertos por encima de una bandera no es una idea progresista. Carod Rovira se negó ayer también a participar en un acto protocolario en Tel-Aviv de recuerdo a Rabin porque no ondeaban al viento las barras de la bandera catalana. Tiene todo el derecho porque es nacionalista catalán pero que no diga que es de izquierdas. ¿Desde cuándo la izquierda ha sentido tanto fervor por las banderas sin hoz ni martillo? Carod Rovira va a dejar a Felipe González como paradigma de la coherencia: en un lustro lo veo de colaborador con Buenafuente. En TV3.

No quiero hablar de Labordeta por respeto a sus fans y porque el más tonto de mi pueblo es médico. Sólo para terminar, una pequeña anécdota real -todas las que cuento lo son- que me ha ocurrido aquí en el sur: se acababa de declarar la guerra de Irak y en el instituto propusieron los alumnos mayores parar las clases en señal de protesta e ir a manifestarnos por la tarde delante del Ayuntamiento. Nunca sabrá Bush el peligro que corrió aquel día: por la mañana, ellos suspendieron las clases e hicieron una pancarta; por la tarde, nos reunimos delante del Ayuntamiento unas cincuenta personas, padres y profesores exclusivamente. Un compañero mío bromeó: “Es la primera manifestación de la Historia a la que no acuden sus convocantes”. Cuando al día siguiente pregunté a los alumnos por qué no habían asistido a la concentración que ellos mismos habían convocado no supieron dar una sola razón. No le daban importancia. Supongo que pensaron que no merecía la pena, que ya están los políticos para solucionar los problemas. Que lo divertido de las pancartas no es enseñarlas sino hacerlas, sobre todo si es en horas de clase.

Está visto que la cosa marcha.