Una de trenes
Domingo, Septiembre 26th, 2004El proceso de las obras en la infraestructura ferroviaria por la llegada de los trenes AVE a Zaragoza merece más de una crítica. Desde los errores en los estudios geológicos previos y las dudas en las adjudicaciones, los zaragozanos hemos visto ya tantos despropósitos…, y lo que nos queda por ver.
Da la impresión de que lo único que importa es que puedan circular por fin los trenes de la alta velocidad por nuestra ciudad. Pero las condiciones de trabajo en la Estación Intermodal, las muertes, el tiempo perdido por desvíos y atascos y tantas otras cosas se obvia ante el anhelado fin.
Los recientes y fatales accidentes ponen en evidencia lo que era un secreto a voces: que las inversiones en infraestructura ferroviaria se han destinado casi en exclusiva a la Alta Velocidad, sin mejorar y mantener como lo necesita las líneas convencionales. Y que el objetivo del “déficit cero” tiene unas graves consecuencias en la seguridad y calidad de las líneas férreas.
Y sin embargo, la opción del AVE solamente es tal para un sector determinado de la población. Pero no tenemos noticias de que alguna institución se esté preocupando del numeroso colectivo de usuarios, con economías ajustadas, a quienes la desaparición de los Intercitys perjudica, ya que la diferencia del precio les va a impedir el uso del AVE de forma habitual.
Para estas personas, estudiantes y trabajadores fundamentalmente, el autobús va a ser la única opción posible para ir y venir de Madrid, de momento. Es muy probable que a medio plazo, las políticas liberalizadoras permitan la intervención de compañías privadas que oferten viajes en trenes convencionales, a un precio mucho más asequible que el AVE.
Otra muestra de la escasa defensa de los intereses de los zaragozanos es que el cubrimiento de las vías hasta la Ronda de la Hispanidad en el tramo de Miraflores no se contempla como actuación prioritaria. El Ayuntamiento se dio por satisfecho con que se incluyera en el Convenio firmado con el Ministerio de Fomento. Pero, ¿y los plazos, los presupuestos, cuándo?
