Descubrimos la rueda

Febrero 17th, 2010

No sé si me da risa o ganas de llorar cuando escucho a ministros, economistas y personal de a pie decir que España saldrá más tarde de la crisis porque en nuestro modelo productivo ha pesado mucho más la construcción y el urbanismo que en otros países de Europa.

Es que me quedo perpleja. ¿Será verdad que lo han descubierto ahora? Y si eran conscientes, me pregunto porqué se ha dejado consolidar ese modelo envenenado. Cuando se conocía el dato de que en España se construía el mismo número de viviendas que entre varios grandes países juntos, aquí parece que nos subía la autoestima. Y cuando se nos avisaba de que en nuestra comunidad autónoma durante años se ha urbanizado una hectárea por día, ya nos sentíamos más chulos que nadie. Y ahora, de qué nos lamentamos.

Y no me refiero solamente a políticos, empresarios y grandes estrategas. Que levante la mano el que nunca haya especulado con su vivienda, con la de los abuelos, con la casa de la playa o con cualquier terreno que haya tenido escriturado a su nombre. Raro, pero raro de verdad es que alguien venda su piso por lo mismo que en su día pagó por él más el IPC.

No sería justo repartir culpas por igual. Pero por favor, hagamos todos autocrítica, los españoles hemos vivido flotando muy a gusto en la burbuja, se han firmado y concedido créditos con una alegría que ahora asusta, se ha despreciado el alquiler, la vivienda de segunda mano y la rehabilitación. Si no tienes un piso nuevo, grande, con garaje y trastero, en propiedad y con una hipoteca a cuarenta años eres un pringado, un pobre de espíritu.

Ahora toca apretarse el cinturón, soltar lastre y reconocer que hemos ido por un camino suicida, con un modelo económico y social enfermo. Y sobre todo, que para ser feliz basta con un techo donde cobijarte, un cuarto para dormir en paz, buena salud, buenos libros y buenos amigos

¿Por qué cubrir el Huerva?

Enero 24th, 2010

Mi amigo Antonio Lorenzo, arquitecto, urbanista y sobre todo ciudadano con cabeza, se preguntaba estos días cómo podíamos dejar pasar la oportunidad de recuperar las riberas del Huerva en el tramo de Gran Vía. La verdad es que para mí ha sido un descubrimiento, no tenía conciencia cuando caminaba por el boulevard que debajo estaba el río. A

Ahora que lo he visto, me sorprende que ni siquiera se haya planteado la opción, ya no digo considerarse, o evaluar los pros y los contras. En esta ciudad se han asentado el pensamiento único y el optimismo oficial, la discrepancia no tiene crédito a priori, se lo dan el tiempo y los hechos.

Aquí está la propuesta de Antonio, sus argumentos y el planteamiento de las dificultades. Merece la pena leerlo y reflexionar un momento, a partir de ahí, aceptemos el saludable ejercicio de escuchar y dejarse convencer.

UNA OPORTUNIDAD QUE NO SE PUEDE PERDER

“El Huerva reaparece, en un tramo, ante los ojos de los zaragozanos. Para una parte de ellos resulta sorprendente: ¡Anda, pero si había un río ahí abajo! Para otros es simplemente hermoso: un tramo muy diferente a los ya conocidos. Integrado, bien integrado, en una calle. Con sus proporciones adecuadas, el espacio preciso,…¡Y con esos árboles! ¡La calle más bonita de Zaragoza! Un hallazgo de primera, la calle más bella de la ciudad.

La ciudadanía, como en todo, opina. Y una parte de ella, como en todo, no se plantea otra cosa: se descubre y se cubre, alguien lo ha decidido así, se comenta, se hace una foto y a casa. Y también como siempre, otra parte piensa que las cosas se están haciendo de una manera, pero muy bien se podrían hacer de otra, incluso mucho mejor.

Pues bien, no hay que hacer muchas encuestas para darse cuenta de que entre los segundos, y también entre los primeros en cuanto les ha sido planteado, es mayoritaria la opinión de que el Huerva se mantenga descubierto. Y no resulta sorprendente esa opinión: es un descubrimiento de primera magnitud, como para replantear la cuestión.

No se les escapan, a unos y otros, las dificultades de plantearlo aquí y ahora. Unas obras en marcha, una contrata que pondrá sus exigencias, unas decisiones ya tomadas, hasta algunos puestos de trabajo en juego, depende de hasta donde se quiera llevar la demagogia. Dificultades sí, pero imposibilidad no. Y además ¡para eso están los gestores de lo público! Para resolver, con bien, las modificaciones, que tantas otras veces se han hecho con bastante menores motivos.

También puede aparecer, entre las dificultades, el asunto o debate sobre el tranvia. Pero aquí parece que la cuestión puede zanjarse rápidamente: Son dos cosas contiguas pero independientes, en nada interfiere lo uno en lo otro.

Más dificultades: el tema del caudal de agua, de su limpieza y la del cauce. Tema hoy afortunadamente resuelto con la red de saneamiento de la cuenca del Huerva, su regulación, las posibles descargas de agua del Canal, y con un mínimo acondicionamiento de su cauce. Queden atrás les imágenes de cloaca y nido de ratas, hora es de abandonar ese mito.

Pero… , otro pero: ¿como quedará? Sencilla respuesta a éste: cabe todo, desde el bajo coste (arreglos superficiales, barandillas y pasarelas) hasta el concurso de ideas con los grandes divos arquitectónicos del universo mundo. Ya se verá. Y aun más,… ¿no es demasiado tarde? Pero la pregunta, así, no es pertinente. La cuestión principal debe ser: ¿Es importante para la ciudad o no? ¿Vale la pena reconducir el tema? Claro que es posible. No hay más que recordar ejemplos recientes como la anulación del aparcamiento subterráneo en el Paseo o el soterramiento de las vías de ferrocarril, temas que en su momento también estaban en marcha y afortunadamente fueron reconsiderados, para bien.

Cuando se hizo el cubrimiento, en los años 20-30 del pasado siglo, se perdió la ocasión de integrar ese tramo de río en la ciudad. Pero eran otros tiempos, no se planteaban ciertas cosas, primaba otro tipo de progreso, de vialidad y de extensión urbana, con la Gran Vía, los planes de ensanche, la SZUC y el Parque Grande al final. Pero algunos años más tarde, con nuevos planteamientos urbanísticos, el cubrimiento, simplemente no hubiera sido posible, ni se habría planteado. Entonces hoy, pasados algunos años más y más afinadas las técnicas urbanísticas, ¿qué hacer? Siendo tan modernos, no parece difícil la respuesta: Dejar el río descubierto ¿Alguien es capaz, hoy en día, de cargar con la culpa de volver a cubrirlo?

En realidad, tampoco es tan difícil darse cuenta de que es bastante posible reconsiderar la decisión e incorporar el río descubierto a la ciudad. No hay más que ver la premura con que algunos corren a apuntarse a haber sido los primeros en la idea del Huerva descubierto, de toda la vida. Si hay tantas carreras será que no lo ven tan difícil. Pero esto, además de un cotilleo estéril, es un asunto resuelto. Los primeros en invitar a la ciudadanía a decantarse por un Huerva descubierto han sido, consciente o inconscientemente, los responsables, políticos y técnicos, de la obra. ¿Cómo?…Pues sí. Y la prueba más palpable está en el bendito asunto de las vigas.

Veamos ¿Cómo sino se puede pensar, proyectar y decidir el quitar unas vigas en tan buen estado para poner otras que ya veremos? ¡Con el gran coste que eso supone! ¿Es que estaban tan mal? La verdad, no lo parece. ¿Es que se han hecho los pertinentes análisis, ensayos o estudios técnicos? ¿Sus resultados obligaban a ésto? ¿Es ésta la mejor solución? ¿No cabía p.e. intercalar vigas nuevas entre las existentes, lo que, aparte de más económico, habría permitido hacerlo como de tapadillo, sin mostrar el río? ¿Cabe tal ligereza en los responsables, técnicos y políticos, de la obra? No puede ser, no es posible.

La explicación tiene que ser diferente, el fin ha de ser otro. Conscientemente o no lo han querido así: Invitar a la ciudadanía a que, una vez visto tal hallazgo, no quiera renunciar a tener el río a la vista e incorporado a la ciudad. ¡Agradezcamoselo! Estemos y esperemos contentos, para que sí, se puedan hacer la foto! Con el Huerva descubierto.

También puede darse, efectivamente, que ahora venza (pero no convenza) la inercia, y la pesada maquinaria del absurdo, el no ha sido nadie y entre todos la mataron, se imponga una vez más. Pero también cabe aventurar, sin mucho riesgo de equivocarse, que más temprano que tarde, el Huerva acabará descubierto. Y entonces, incluso, la propuesta sea hecha directamente por los responsables, políticos y técnicos, ante la falta de respuesta, en un pasado (hoy presente), de una ciudadanía que no fue capaz de recoger su sutil invitación. ¿En verdad ha de ser necesario tener que esperar a otros tiempos?

¡Tiempos éstos en los que hay que luchar por lo evidente!”

Enero 2010

Se nos ha ido el sol

Noviembre 27th, 2009

Ayer se nos fue Manuela, la ciudad tiene menos color, y yo estoy cabreada.

Sacar la patita de donde no debieron meterla

Octubre 26th, 2009

Mis buenos propósitos de mantener más activo esta página se van cumpliendo así así, una hace lo que puede. Menos mal que los amigos están escribiendo cosas tan certeras que es difícil hacerlo mejor. Ayer domingo en el Periódico de Aragón, Jose Luis Trasobares resumía el recorrido de la aventura de Gran Scala. No es solamente una crónica, que ya es bastante, Jose Luis toma postura y opina, lo que en estos tiempos es raro de ver.

Estoy de acuerdo en que alguien debería reconocer que fue un tremendo error ponerse al lado de personas con tan poca trayectoria empresarial, con tan escasa solvencia económica, en un proyecto disparatado, insostenible se mire por donde se mire. El artículo es para leerlo dos veces.

GRAN SCALA O LA FERIA DE LOS HORRORES

25/10/2009 JOSÉ LUIS Trasobares Gavín

El Periódico de Aragón

Qué más habrá de suceder para que el Gobierno aragonés rompa las relaciones con International Leisure Development (ILD) y admita que lo de Gran Scala fue una idea absurda e imposible a través de la cual unos cuantos espabilados quisieron (y aún están en ello) pegar el pelotazo del siglo? ¿Qué clase de suceso, de oscuridad, de tragedia, de chanchullo? ¿Qué delirio, qué exageración, qué mamarrachada… qué supuesto llevaría al Aragón oficial ha reconocer la más grande metedura de pata que recuerdan los anales?

Bueno, primero se les advirtió de que esto de Gran Scala llegaba de la mano de unos bucaneros de tres al cuarto y que una cosa tan desmesurada necesitaba promotores de más calado. ¡Oh!, respondieron, sí los hay; pero estos temas requieren sigilo, discreción, secretito. Luego se evidenció que el proyecto era una pifia barata, que los parques temáticos inicialmente anunciados (Spyland, Aquántica,) habían fracasado en Francia y su agrupamiento societario se había llevado a cabo con un capital de ¡mil quinientos dólares!. Es lo normal en estos casos, replicaron los portavoces de la autoridad. ¿Lo normal?

Tres meses después de la solemne presentación en el Salón de la Corona, las revelaciones se sucedieron: la mayoría de los socios de ILD estaban radicados en paraísos fiscales; algunas de sus empresas eran absolutamente opacas; dos de los hombres fuertes del pool promotor, Allegrini y Colus, habían estado directamente implicados en el pufo de Goldenpot, casino virtual que dejó en Barcelona deudas por cientos de miles de euros; la sociedad chipriota Darlen Ltd., accionista de relevancia, aparecía vinculada al comisionista André Guelfi, implicado en grandes escándalos financieros y políticos; otros directivos de ILD, Josep Carreras y Jaume Riera, intentaban venderle al consejero Aliaga un motor milagroso en cuya promoción usaban indebidamente el logo del Gobierno de Aragón… Más: ILD, agobiada por las revelaciones sobre su evidente insolvencia (!y pretende invertir miles de millones!), anunció la inclusión en su accionariado de un fondo soberano de la Isla de Jersey, pero era mentira; el socio industrial del pool, Aristocrat, se vio envuelta en graves dificultades legales en USA, sus acciones se desplomaron… Y ahora, el crimen de Cambell No pasa nada, siguen afirmando los portavoces autorizados; los paraísos fiscales, los comisionistas, los insolventes, las sociedades opacas (¿los asesinos?) son lo habitual en el mundo de los grandes negocios.

De lo cual se infiere que quienes siguen creyendo en esto de Gran Scala son unos pobres infelices desinformados, o unos cínicos compañeros de viaje (socialistas) del gran timonel de Aragón, superBiel, o bien partícipes directos en los posibles beneficios de la operación. Por eso aguantan el tipo. Pase lo que pase.

Cuidar la ciudad y su futuro

Octubre 23rd, 2009

Escribe Jesús Maestro hoy en el Heraldo de Aragón su opinión sobre el empeño del grupo municipal socialista de crear nuevas áreas de vivienda en zonas hoy en día alejadas del casco urbano. Creo que no se puede explicar mejor, es lo que pasa cuando uno es claro como el agua y libre como el aire.

POR LA CIUDAD CONSOLIDADA

Jesús Maestro

Tras el proceso expansivo de la burbuja inmobiliaria, alimentada por los movimientos especulativos privados y públicos, nos queda mucho tiempo hasta que podamos resolver los problemas generados por este modelo de urbanismo caro, injusto e insostenible.

Ante las miles de viviendas vacías, las nuevas zonas construidas con déficit de equipamientos y dificultades notorias para la movilidad, el incremento de los costes de mantenimiento de las infraestructuras, el deterioro de los barrios de los años 50 y del Casco Histórico, esperando la rehabilitación de sus casas y la revitalización de sus calles, los cientos de solares vacíos y abandonados, algunos desde el anterior PGOU en el 86, no se puede venir ahora con que hay que destruir más suelo productivo para construir otras 40.000 viviendas en la periferia de la ciudad. Y de paso nos llevamos la VPO a las afueras.

El Observatorio de la Sostenibilidad de España de 2008 lo dejó bien claro: Zaragoza incrementó el suelo urbano en un 46% entre 2001 y 2007 mientras la población sólo aumentó el 6%. Hemos hecho una ciudad que consume 19 veces más recursos de los que produce y esto no es muy sostenible, además de ser muy caro.

Pero les da igual, y nos siguen hablando de la ciudad del millón de habitantes: una locura. El Ayuntamiento tiene que dejar de inventarse eventos internacionales y transformaciones “espectaculares” para aterrizar en la realidad y dar el impulso que necesita la ciudad consolidada desde hace años.

Un mar de color rosa

Octubre 16th, 2009

Los maridos violentos, policías corruptos y políticos indolentes se van a ahogar en un mar de cien mil saris rosas. Es el uniforme de las mujeres que forman el ejército Gulabi Gang en la India. Armadas con unos garrotes que emplean como arma de defensa personal, y de la razón de quien se ha hartado de que abusen de él, estas mujeres están decididas a cambiar sus condiciones de vida. Y qué quieren: pues lo más elemental, el derecho a ser tratadas como personas, el derecho a vivir sin miedo, sin golpes, sin ser humilladas.

Se han plantado ante los burócratas, ante padres, maridos, hermanos, que las han humillado durante generaciones, siglos enteros. No es fácil, a veces luchan contra la incomprensión de su propia familia, contra una sociedad machista, clasista. En muchos casos han superado el dolor, las heridas y el desprecio.

Su fundadora es una mujer e 47 años, de poco más de metro y medio de estatura, que no sabe leer ni escribir, una mujer pobre, a la que obligaron a casarse cuando tenía 12 años. Hoy es una mujer en pie de guerra contra la injusticia social, impulsora de un movimiento que ha abierto talleres de trabajo, escuelas, y asistencia sanitaria. Que cada día resuelve problemas y suma más apoyos a su causa, que es la causa de las mujeres e su país.

Se llama Sampat Pal. No la perdáis de vista, lo merece mucho más que los supuestos líderes que a todas horas vemos en la televisión, que sueltan la frase del día rodeados de fotográfos.

En marcha por los derechos humanos

Octubre 9th, 2009

Ayer jueves llegó a Zaragoza la Marcha de los inmigrantes, un grupo de personas nacidas en diferentes países, y residentes desde hace más o menos tiempo en tierras catalanas. Caminan hacia Madrid para intentar que la reforma de la Ley de Extranjería no disminuya sus derechos. Son cincuenta y tantas personas, hombres y mujeres que piden poder vivir con su familia en nuestro país, y han elegido como símbolo la plantación de un árbol en cada etapa del viaje, y la lectura de un poema que escribió para ellos Rolando Mix, y que llevaba en un bolsillo el día que murió.

Ayer en la Plaza de San Bruno hubo aplausos, solidaridad y menos personal del que algunos esperábamos, en la ciudad más grande del trayecto Barcelona-Madrid. Estos días del Pilar, en cualquier acto cutre y absurdo se congregará más peña que la que había arropando a los marchantes. Pero a ellos se les veía felices, agradecidos y habladores.

Buen viaje, y como decía Rolando, una sola Tierra para vivir todos los seres humanos.

Ha ganado Río, bieeeen

Octubre 2nd, 2009

Está muy bien perder con Brasil. La próxima reunión en Copenaghe es la cumbre por el cambio climático, ésa es la que tenemos que ganar todos.

Para pensar

Septiembre 2nd, 2009

Os invito a leer un artículo de Antonio Muñoz Molina sobre las ciudades y los ciudadanos. Podemos estar más de acuerdo con unas partes o con otras, pero es difícil contar mejor que él algunas historias, entre ellas la de Jane Jacobs, una mujer extraordinaria.

CIUDADES SIN CIVILIZACION
El País, 22/08/2009

No puede haber civilización sin ciudades”, escribe Saul Bellow, “pero hay ciudades sin civilización”. Él se refiere a Chicago, la ciudad de los terribles inviernos sin misericordia de la gran Depresión; yo leo la novela en la que vienen esas palabras, The Adventures of Augie March, una mañana de agosto, en Madrid, sentado al fresco de los plátanos y los magnolios gigantes del paseo del Prado, que es una de las islas más indudables de civilización que pueden encontrarse en una ciudad europea, y por donde paso tantas veces camino de algunas de las instituciones más civilizadas que conozco: el Museo del Prado, la Real Academia, el Thyssen, el Botánico, el Reina Sofía, las librerías de viejo de la cuesta de Moyano, sin olvidar el añadido más reciente, la extraordinaria sede de la Fundación La Caixa, con su jardín vertical y sus viejos muros de ladrillo como suspendidos en el aire, una nave industrial de hace un siglo levantada sin peso en la ciudad del presente.

Hasta bien entrado el siglo XX las tecnologías del transporte colectivo se integraban sin quebranto en el tejido de las ciudades. Uno de los rasgos de la civilización es que siempre es más frágil de lo que parece y siempre está amenazada. Un poco más arriba del paseo del Prado y del de Recoletos se abrió en la ciudad en los primeros años setenta el cráter imperdonable de la plaza de Colón, que no es una plaza sino un descampado sin alma de torres especulativas y tráfico como de autopista, con algo de urbanismo apocalíptico suramericano. En el paseo del Prado y en Recoletos se puede caminar siempre al amparo de los árboles: en Colón uno se ve arrojado a una intemperie de sol homicida o de vientos invernales, arreado en manadas para cruzar a toda prisa los pasos de cebra. La llamada plaza de Colón es una muestra infame de lo que estaban haciendo con las ciudades los planificadores, los teóricos del urbanismo y los grandes expertos en los años sesenta y setenta, cuando la capitulación institucional ante los intereses de los especuladores y de los fabricantes de coches aún se revestía con la máscara conveniente de la modernidad, del progreso implacable. Le Corbusier y sus discípulos alumbraban el camino del porvenir, que más que un camino resultaba ser una gran trama de autopistas. Hasta bien entrado el siglo XX las tecnologías del transporte colectivo se habían integrado sin quebranto en el tejido de las ciudades y habían contribuido a su expansión orgánica: las líneas de metro y de tranvías permitían el nacimiento de nuevos vecindarios hechos a la medida de los pasos humanos; los tranvías circulaban con la misma eficacia por las calles sinuosas de los cascos antiguos y por las perspectivas despejadas en las que las ciudades se abrían al campo. Cuando yo llegué a Granada, en 1974, acababan de clausurarse las líneas de tranvías, que comunicaban el centro de la ciudad con la Vega del Genil y con las estribaciones de Sierra Nevada. En Granada todavía quedan nostálgicos del tranvía de la Sierra, construido por un ingeniero ilustrado que se llamaba Santa Cruz, al que fusilaron los matarifes falangistas en el verano de 1936. Uno tomaba el tranvía en una acera arbolada de la ciudad y subía en él por la orilla del Genil hasta las laderas colosales del Veleta.

Los terribles expertos dictaminaron que cualquier obstáculo que se interpusiera a la circulación de los coches merecía acabar en los mismos basureros de la Historia a los que según Trotski estaban condenados quienes se resistieran a la revolución soviética. Para el advenimiento de la nueva civilización las ciudades resultaban un enojoso obstáculo. No sólo estaban hechas de calles estrechas y de edificios vulgares agregados a lo largo de épocas diversas: también estaban habitadas. Y la gente que las habitaba vivía y trabajaba en un desorden que sacaba de quicio a los entendidos, partidarios de que cada cosa se hiciera racionalmente en su sitio, de acuerdo con los planes utópicos que ellos mismos diseñaban, llenos de preocupación paternal por el bienestar de ese populacho, pero poco amigos de observar de cerca cómo eran sus vidas. El remedio contra los males, desde luego verdaderos, del hacinamiento y la pobreza, era el derribo, y tras él la autopista y la imposición del coche. A la destrucción de los barrios populares de Nueva York el planificador urbano Robert Moses le daba un nombre inapelable, aunque también involuntariamente siniestro: “La guadaña del progreso”.

En los primeros años cincuenta la guadaña del progreso se disponía a llevarse por delante algunos de los lugares más civilizados de Manhattan: una autopista de diez carriles iba a atravesar el Soho, Little Italy, Chinatown y el Lower East Side. Uno nunca llega a saber de verdad lo precaria que es la civilización, lo peligroso que es dar nada por supuesto: para agradecer de corazón la delicia de pasear por Washington Square, distraerse mirando a los músicos o a los saltimbanquis callejeros o a los jugadores de ajedrez, sentarse en el césped y distinguir las primeras torres de la Quinta Avenida por encima de las copas de los árboles, conviene tener presente que todo eso estuvo a punto de ser destruido hace ahora cincuenta años, porque justo por ese lugar Robert Moses había decretado que pasaría otra autopista. La guadaña del progreso no actúa por capricho: si el tráfico ha de fluir a tanta velocidad como sea posible a través de la isla, lo racional, lo inevitable, es abrirle paso.

Washington Square no fue salvada por ningún arquitecto. Ningún experto en urbanismo alzó entonces su voz contra lo que hoy nos parece un delito inconcebible. Washington Square existe ahora gracias a una mujer, Jane Jacobs, tan poco experta en nada que ni siquiera tenía un título universitario. Vivía cerca, en la calle Hudson, en el corazón del Village, y llevaba a sus hijos a jugar a la plaza. Sus primeras camaradas en la sublevación urbana fueron las madres de los amigos de sus hijos, “unas cuantas locas con carritos de niños”, según dijo Robert Moses, con la furia despectiva de los grandes expertos cuando alguien sin más cualificación que el sentido común se atreve a llevarles la contraria. En 1961, cuando Washington Square y las calles del Village ya no corrían peligro gracias al movimiento de rebeldía iniciado por ella, Jane Jacobs escribió su hermoso manifiesto en defensa de las ciudades caminadas y vividas, The Death and Life of Great American Cities. Murió el año pasado, una anciana diminuta y bravía comprometida hasta el final en la defensa de esa forma frágil y necesaria de vida en común que es la civilización y que no puede existir sin las ciudades. Un libro recién salido -Wrestling with Moses, de Anthony Flint- cuenta la crónica de su rebelión y conmemora su legado. En el corazón desventrado de Madrid, lleno de zanjas y de máquinas empeñadas en obras demenciales por culpa de un alcalde ebrio de megalomanía y de despilfarro que ahora amenaza insensatamente el paseo del Prado, yo me acuerdo de Jane Jacobs y me pregunto melancólicamente si sería posible aquí una rebelión como la suya, un levantamiento cívico que salve a Madrid de expertos y de políticos y de especulares y le permita ser una ciudad civilizada.

Al mercado

Agosto 21st, 2009

Mañana sábado tenemos otra vez el mercado de frutas, verduras y productos ecológicos. En la calle, y vendiendo los propios hortelanos y productores. El último, en Julio, en la Plaza Mayor de San José fue muy, muy agradable para todos, los que vendían y los que compraban.

Espero que se pueda seguir haciendo en los próximos meses, según la ruta prevista. Por si acaso hay impedimentos, no os lo perdáis mañana, de 9 a 14 horas, en el Paseo Fernando el Católico, entre Corona de Aragón y la calle Bretón. Más detalles, en http://mercadoecologicozaragoza.blogspot.com